mi visión de la montaña

Subir montañas es la osadía convertida en humildad, bajarlas es la osadía convertida en gratitud

sábado, 20 de junio de 2020

travesía BTT del Aramo


Primera salida montañera en condiciones post-confinamiento donde había que ponerse a prueba para comprobar si las ganas y la motivación podrían con las serias dudas en cuanto a la forma física tras el parón obligado. Y qué mejor que el Aramo para "ponerse las pilas"...
Al igual que la última con vez Damián  justo antes del confinamiento, partí de L'Ará (Riosa) 290 m, dirección al Cordal primer puerto de la jornada. 


El Cordal (790 m) es un buen puerto para calentar, con una pendiente uniforme durante 8,5 km que permite ir subiendo con poco esfuerzo y al abrigo de la sombra del bosque. Una vez arriba, hay que continuar enlazando el siguiente puerto sin apenas descender, que sube a lo largo del Cordal de las Segadas con sucesivos toboganes y sólo un par de repechos más fuertes pero que duran lo justo antes de que se hagan duros.
El día se anunciaba soleado pero las nubes y la niebla seguían bien amarradas al Aramo, lo que me hacía dudar si podría finalmente completar la travesía



En poco tiempo alcanzaba la cima del segundo puerto, el Alto de las Segadas (1.050 m), desde el cual ya se divisan estupendas panorámicas, en medio de un ambiente bucólico con todo tipo de ganado disfrutando de estos vergeles.



Aquí si que tocaba a mi pesar, perder 200 m de altura que luego hay que recuperar. Se trata de un descenso rápido y revirado, pero que me tomé con calma, parando en la fuente que hay a la mitad de camino. Al ir a recargar agua, sucedió el percance tonto del día al resbalar sobre el canto del abrevadero, metiendo una pierna dentro y la otra dando un buen contorniazu con la tibia que se hinchó como un globo, sin contar "las cosquillas" del golpe en un lugar como ese.


Me puse a practicar el tema de primeros auxilios y después de limpiar la zona me coloqué un vendaje compresivo a ver si funcionaba para bajar la hinchazón de la contusión. En cuanto a la otra pierna, la solución no pasó de descalzarse y sacar todo el agua que quedaba dentro del playero. Una vez arregladas las averías, reanudé la marcha, continuando en rápido descenso hasta el cruce donde se conecta con las ultimas rampas del puerto de La Cobertoria (1.180 m). Son solamente dos kilómetros pero con unos rampones del 14% que hay que tomárselos con calma teniendo en cuenta lo que queda todavía.


Poco antes del alto del puerto se toma la desviación para encarar la dura subida al Gamoniteiro, que comienza suave con un tramo de llaneo que viene muy bien y desde el cual ya se puede ver lejano el Alto de las Segadas. 
El día parecía que abría y sobre todo para la vertiente del valle de Quirós, donde se podía ver en todo su esplendor el territorio del parque natural de las Ubiñas-La Mesa.


Aunque la temperatura era buena, se hacía notar el sol y las siguientes rampas hasta asomarse sobre el mayéu de Veneros (1.350 m), se me hizo más duro que la última vez en invierno.



Encontré mucho ambiente, tanto de ganaderos que subían a controlar las reses, como ciclistas de carretera que subían al Gamoniteiro y que me adelantaban compadeciéndose y animándome al mismo tiempo, puesto que era el único que iba con MTB y mochila...Continué poco, a poco en modo ahorro, dentro de lo posible, consciente que lo más duro del día todavía estaba por llegar, y así de paso aprovechaba alguna parada para descansar y fotografiar el paisaje que era espectacular, como no!, tratándose del Aramo.


Asomaba ya el repetidor del Gamoniteiro, lo que significaba que quedaba un buen "arreón" para superar el último tramo que es el más duro.


Por fin alcanzaba el desvío del camino  ( 1.745 m) donde parte la ruta hacia el Angliru, a escasos metros del repetidor. Como tenía reciente la cumbre, opté por no perder tiempo y continuar por la ruta prevista.


Sin embargo, en cuestión de segundos hizo aparición la niebla, obligándome a parar y esperar a ver si era pasajera o no. Meterse en esta zona caótica del Aramo con niebla es cuanto menos delicado puesto que incluso con GPS hay que hilar fino para no perderse. Así que aproveché la pausa para comer y repasar en el mapa el trayecto a seguir . Un rato después la niebla parecía desvanecerse de nuevo, por lo que continué en descenso trialero hasta cerca de Los Llagos de la Cueva (1.530 m)


A partir de aquí entraba en territorio salvaje en pleno corazón del Aramo y en plena soledad con la única compañía de las vacas que disfrutaban de los pastos de estos puertos. Por otra parte, la parte ciclable se acababa y tocaba tirar de la bici, mientras no le perdía ojo a la niebla que volvía a la carga pisándome los talones...


Buscando pequeños tramos donde me pude montar en bici, me dí cuenta que me había desviado del camino oficial, yendo más directo y a más altura. Reconducir el rumbo por un terreno tan escabroso con la bici a cuestas sería bastante peor que continuar hacia adelante, así que tras pararme a estudiar de nuevo el terreno y con ayuda de unas vacas que me valieron como referencia y que se dirigían a un canto, decidí seguirlas sabiendo que al otro lado conectaría de nuevo con el sendero. No obstante, ello no me quitó de emplear un esfuerzo extra "carretando" la bici entre las llambrias ante la cara sorprendida de las vacas que tenía por delante.


La niebla seguía empeñada en seguirme metiéndome más presión para atravesar esta zona "fuera de pista", pero finalmente le gané el pulso al alcanzar este rincón escondido a 1.660 m que buscaban las vacas. Supongo que por la cantidad de yerba fresca y esponjosa que había. Desde aquí ya veía el sendero que fácilmente podría conectar de nuevo, un cacho más adelante del Llagu Robles.


Haber subido a una cota más alta de la necesaria, me vino bien un porque pude descender montado en la bici la ladera NE del Picu Barriscal  hasta alcanzar el collado (1.600 m) que forma con el Picu Cuadrazales, y que es punto de paso clave para descender a los mayáos de Teicieyu.


Salvo algunos pequeños tramos, todo este tramo fui montado en la bici, y bien que lo agradecí para avanzar rápidamente descendiendo hasta los enormes mayaos de Teicieyu (1.470 m). Una enorme alfombra verde bajo el Picu Moncuevu, que me sorprendió por su belleza, transportándome a las imágenes de las películas del  "farwest" con cientos de vacas mugiendo, salpicadas por toda la llanura...Otro de esos tesoros escondidos del Aramo.



Tras atravesar toda la vega, me restaba remontar la última subida del día para alcanzar el collado que forma la prolongación del llombu Este del Moncuevu. Aunque se trata de un camino ancho, se cicla sólo un corto tramo de llaneo porque el resto debido a la gran pendiente y el firme pedregoso obligan a tirar de nuevo de la bici. Esta subida se me hizo dura, más que nada por el trote que ya tenía encima, pero por suerte no es muy larga y antes de que se convirtiera en un calvario ya estaba arriba en el collado 1.590 m con vistas a la explanada del Angliru.



Esta parte final es un tramo de sube y baja, bastante técnico donde hay que ir atento para evitar una mala caída en un terreno muy rocoso.
Unos minutos más tarde, por fin alcanzaba el famoso Angliru (1.556 m), con numerosos turistas de todo tipo disfrutando del sol y también unos cuantos ciclistas exhaustos tras subir por sus temibles rampas. Sin embargo , en mi caso me tocaba ahora descansar con un vertiginoso descenso de más de 1.300 m en muy pocos kilómetros.


Tras descansar un rato y reponer fuerzas, inicié el largo descenso, abandonado las placidas vegas del Angliru, ubicadas al pie del Picu La Gamonal que tan buenos recuerdos me trae de nuestras esquiadas invernales...


Al asomarse de nuevo hacia la vertiente de Morcín y Riosa, la niebla estaba de nuevo bien anclada, descendiendo la temperatura radicalmente al igual que la visibilidad puesto que parecía que estaba anocheciendo.


Traspasadas las nubes la cosa mejoró notablemente, y en un santiamén ya estaba tomando el cruce hacia la pista que lleva al pueblín de Muriellos. Para rematar la ruta y no abusar de tanta carretera preferí descender la otra mitad del Aramo por esta pista que recorre la Sierra Muriellos y que no bajaba desde hace más de 20 años.


La pista es rápida pero no estaba para florituras, con tramos de barro, roderas y tramos descarnados que me obligó a emplearme a fondo en el pilotaje. Entre los numerosos cruces de la parte baja me equivoqué en alguno acabando en la aldea de El Carbunín y de ahí ya por carretera siempre en descenso "a cañón" hasta salir cerca de Ablaneo. El resto hasta L'Ará  fue un suspiro descendiendo por la carretera oficial del Angliru.


Tachaba así otro circuito de la lista de pendientes en BTT, en una ruta donde los números cantan por sí solos con 2.100 m de desnivel positivo y otros tantos en negativo a lo largo de 47 km. Sin duda una buena jornada montañera para "desengrasar".

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