mi visión de la montaña

Subir montañas es la osadía convertida en humildad, bajarlas es la osadía convertida en gratitud

domingo, 25 de octubre de 2015

vuelta a Valgrande

Teníamos de este verano explorada una vertiente del valle de Valgrande - Payares y nos faltaba la otra para completar la vuelta. Alguna sufrida incursión hacía tiempo de Alberto, Patri y Guzmán fue suficiente para trazar el nuevo y ambicioso recorrido y sólo nos faltaba un buen día de otoño. Sin embargo, aunque las predicciones no eran muy buenas nos animamos a probar y partimos en medio de la niebla desde el pueblo Puente los Fierros (507 m,). Tomamos pronto la desviación hacia Llanos de Somerón (900 m.) que alcanzamos después de unos kilómetros por una estrecha carretera en continuo ascenso pero bastante llevadera. Sobrepasado el pueblo, continuamos por la pista que pertenece al Camino de Santiago en su variante del sur hacia Oviedo.


El borrín persistía impidiéndonos ver el paisaje que debía ser ya bien guapo. Más aún en plena seronda como estamos. 


Avanzábamos valle arriba en continuos toboganes hasta desviarnos del Camino y continuar hacia lo alto del cordal, cambiando el tema radicalmente con tramos pindios de narices que nos obligaban a echar pie a tierra. A cambio, con la ganancia de altitud parecía que podríamos atravesar el mar de nubes ya que por momentos se abrían ventanas entre las tinieblas.


Hasta que con un par de repechos más, dejándose ver el bosque con sus mejores galas, paramos a disfrutar del panorama desde un prau que ni en las mejores pinturas impresionistas....




Menudo regalo para la vista!. Poder contemplar como el monte se desperezaba de las nubes dejando ver el fabuloso bosque de Valgrande en plenitud de colorido. Sin duda una de esas maravillas que hay que ver sí o sí por lo menos una vez cada otoño.


Reanudamos la marcha sin prisas, que todavía quedaban unos cuantos repechos costosos tanto como para acabar subiendo a pie...


Alcanzado el punto donde se cruzan los caminos (1.275 m) , por fín la pista nos daba un respiro con algún sube y baja antes de acometer la subida final. Hacia el otro lado, teníamos ya vistas de Las Ubiñas que sobresalían del mar de nubes. Hay que reconocer que este Cordal de Somerón es tan generoso en panorámicas como en bosques.


De nuevo nos internábamos en el bosque que se mostraba con unos colores impresionantes. Viendo como habíamos arrancado el día, temíamos no poder ver "tres en un burro" por culpa de la niebla y sin embargo resultó todo lo contrario.


...y en pleno éxtasis sumergidos en lo profundo del bosque, a la vuelta de la esquina nos topamos con una escena como poco chocante, ya que había unos cuantos currantes montando una torre de alta tensión, ayudándose de la pluma de un camión que daba miedo sólo verlo y pavor en pensar como bajarlo de allí de donde lo habían mangado en lo más pendiente del camino.


No con poco esfuerzo pasamos por la zona de obras y alcanzamos el punto cumbre del día El Pando (1.375 m). Por delante teníamos un complicado descenso por las zetas que en su día se abrieron para la instalación de las torres de la red eléctrica.


Después de echar un vistazo, nos lanzamos al abismo por un camino muy descarnado y con mucha pendiente que cada vez se ponía peor, hasta el punto de obligarnos a realizar un buen trozo a pie. Una pena porque más abajo donde los tapinos empezaban a colonizar esta cicatriz la cosa se ponía interesante yendo sobre la bici.


Terminado este tramo paramos a comer esperando que las gotas de lluvia que empezaban a caer fueran pasajeras...Unos minutos después decidimos continuar viendo que aunque las nubes eran amenazantes parecía que aguantaban sin descargar.


Todavía tendríamos que subir un par de fuertes repechos hasta alcanzar la vía de servicio de la autopista del Huerna, que dicho sea de paso resultaba extraño salir del monte puro y duro y aparecer en bici paralelos a la autopista. No éramos los únicos ya que veíamos que todos los que circulaban con sus coches nos miraban sorprendidos supongo pensando: "de dónde habrán salido éstos dos".


Pronto abandonaríamos de nuevo la "zona civilizada" y con el túnel del Negrón al fondo, comenzábamos el descenso por la pista del Ruchu.


Fenomenal descenso por buena y rápida pista, si bien acertadamente hicimos las pertinentes paradas para no embalarnos demasiado y sobre todo para disfrutar del bosque que estaba espectacular...Aún así, lo primero no lo acabamos de cumplir ya que inevitablemente cada vez nos enchufábamos más con esta bajada tan guapa.








Tras unos kilómetros de descenso, la pista remonta suavemente sin llegar a ser molesto para nuestras piernas, lo cual agradecimos porque llevábamos una buena "estapa serruchera" encima. Nos quedaban por delante todavía unos kilómetros por esta pista del Ruchu tan agradecida para el que quiera disfrutar de los bosques.
Según íbamos acercándonos hacia la otra vertiente, (la de Pajares), los claros del bosque nos dejaban ver el recorrido del día, llamando sobre todo la atención las tremendas zetas por las que habíamos bajado. Pero mucho más terribles debieron ser subiendo tal y como le tocó a Alberto y compañía...




Nos acercábamos al final de la pista que como regalo final ofrece una panorámica general preciosa de todo el valle en plena apoteosis de la Seronda. 


Alcanzada la parte alta de la carretera del puertu Payares, bien podríamos continuar por senderos y pistas hasta Puente Los Fierros, tal y como hicimos el mencionado día de verano explorando nuevas rutas, pero en esta época con el barro y las rocas pingando mejor no arriesgar por esos senderos trialeros...Además, con los casi 40 km, que llevábamos encima, ya íbamos servidos...


Quedaba no obstante la bajada por carretera de este famoso puerto que nunca habíamos catado en bici y teníamos cierta expectación. Buena carretera, con poco tráfico ese día y las pendientes más pronunciadas del país tratándose carreteras nacionales...Sin embargo, quien lo diría, porque si circulando en coche cuesta evitar no embalarse, con la bici nos faltaba más pendiente.... Aún así la velocidad no fue poca llegando abajo prácticamente en el mismo tiempo que yendo en coche.

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